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domingo, 9 de septiembre de 2007

El ingeniero, el basquetbolista...

Hace algunos días descubrí que los Días Intensos estaban muy lejos de mí, que ya habían pasado varios y que definitivamente tenía que alcanzarlos. Acto seguido, estafé al hombre que me mantiene para que comprara tinta de impresora.

Leí lo que pude en la computadora y lo demás, lo puse "para llevar". Durante clases me fue imposible leer algo y sólo pude hacerlo hasta unos minutos antes de comenzar a entrenar. Mientras calentaba y estiraba cada músculo de mi cuerpo, un compañero de cancha me preguntó sobre la lectura. Me extrañó lo extrañado que se veía al escuchar mis explicaciones literarias.

-Nunca había conocido a alguien que escribiera... - ¿Qué podía decirle?


Al siguiente entrenamiento, las preguntas continuaron. Era algo muy divertido ver a alguien preguntar con tanta curiosidad y asombro, casi con inocencia.

Ayer, al saludarme, en lugar de decir mi nombre simplemente dijo: <<Poeta>>

Esta sonrisita tímida lleva desde entonces tratando de ocultar cuánto me ha gustado... Poeta, sí, “the poet... the visionary" preciosa Virginia, yo, el poeta, el nómade.

Los nómades

y tu Terciopelo tu
la promesa de lo deseado
mas alla de las montañas
vomitas el universo
que nace y muere en tu garganta


Se me va la vida en el desierto. Se me agotan los oasis. ¿Visiones?

Aquí la gente es muy redonda, se los confunde con pelotas casi siempre de igual color. Lo más extraño es su estatismo; es, para nosotros los nómades, algo escalofriante.

Desde hace muchos años navego solo. Broté de la tierra; pero nací bajo la luna, así que fui llamado nómade. Mis padres y mis hermanas se avergüenzan del color de mi piel; pero me aceptan en tanto me enrosque y me quede tan quieto como pueda. Al llegar la Transición, la comunidad me segregó, obligándome a perseguir lunas como debía ser. Pero los nómades tienen extremidades largas y nunca he podido seguirles el paso. Por eso regreso una y otra vez.

No hace mucho noté que los camellos tienen grandes jorobas. Pienso que es por tanto cargar a la gente. Los cerdos tienen el vientre enorme seguramente por tanto recostarse en él. ¿Y si persiguiera tanto a la luna? Es decir, ¿si en lugar de usar todas mis fuerzas para convertirme en un ovillo inerte, me estirara tanto como pudiera?

Mis extremidades estarían libres, no tendrían que replegarse nunca más, no habría nada más que contener.

Tengo tanto miedo.

Dicen que al final, los nómades dejan de caminar y flotan en el aire y se elevan y bailan en el cielo con las estrellas, porque su cuerpo es ligero. El mío es pesado, tan pesado. Algunas veces quisiera dejarlo ahí, anudado, y correr hacia las montañas, porque siento que en cualquier momento va a hundirse de nuevo en la tierra y no quisiera hundirme con él.

Tengo tanto miedo y estoy tan cansado.

Es bien sabido que los nómades no miran ni hacia atrás ni hacia abajo, sólo ven a la luna y caminan a prisa tras de ella. Si decidiera irme para siempre, no me gustaría separarme del grupo y verlos alejarse, quedándome solo en medio del desierto, sin poder regresar, sin poder alcanzarlos, quedándome solo en medio del desierto. Solo... Navegando.

Aterrado y en desolación. No quiero estar ya más aquí.

Tengo tanto miedo.