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viernes, 15 de febrero de 2008

Ni Alaska ni Stephen King estaban locos

Nunca había escrito en la cocina. Azotea, baño, sala, comedor, etc. Incluso en el cuarto de servicio; pero nunca en la cocina.

La cocina es un buen lugar para muchas cosas, como seguramente algunos de ustedes habrán experimentado; pero es un pésimo sitio para la escritura, al menos mi cocina.

Podrían ser el cansancio y la falta de glucosa; pero juraría que el grifo me reclama con el reflejo de sus llaves, que los hornos me miran de soslayo en actitud reprobatoria. El refrigerador, sorprendido e indignado, se repliega hacia sí mismo, porque al fin y al cabo es un refrigerador y no se puede mover.

Pudiera decir las posturas y reacciones de cada objeto aquí presente, como el salero que me insulta, y ni hablar de las espátulas, cucharón, tijeras etc. Pudiera; pero creo que es mejor salir de aquí antes de que algo suceda.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Hasta la real madre

Estando hasta la madre, había decidido darme un break y postear algo para liberar tensiones. Buscando alguna imagen como para amenizar las mentadas de madre y demás imprecaciones encontré este post:

http://www.ymipollo.com/~apyo/43140.hasta-la-madre.html

And that was good enough. Tal vez porque de pronto me supe acompañado.


---------------Sección prescindible del post---------------

Para dar una idea de cómo han sido estos últimos días. Cuando quise 'pegar' el link hacia el blog de "Hasta la madre" se 'pegó' esto:

MESSAGE "Registro eliminado con éxito" VIEW-AS ALERT-BOX INFO BUTTONS OK.

Sepan mi nivel de paranoia que por un instante pensé que era alguna fuerza cósmica malévola que se burlaba de mi. Luego de dos semanas de pelear con una estúpida base de datos, luego de una mañana perdida porque al universo le pareció gracioso borrarme la mitad del trabajo y un sin fin de etcéteras, al poner 'Ctrl+V' aparece ese mensaje como diciendo "Sí, fui yo, el genio malvado. ¡Eliminado!" seguido de una risotada con eco digitalizado.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Pinky and The brain

-Esque Guille, hay que ser más Pinky. Eres demasiado Cerebro- y entraron todos. Yo me quedé parado, inmóvil. Explotó en mi cabeza toda una discusión dialéctica procedida por una reverberación continua que llega hasta el día de hoy y de seguro continuará por varios días.

Cerebro, a ti mi admiración. Tanto esfuerzo, tanto empeño, tanto talento, tanta dedicación.

¿No se nos ha vendido siempre la idea de que teniendo claro nuestro objetivo en la vida y aprovechándonos de nuestros mejores dones para llegar a él, conseguiríamos el éxito? Plantearse metas específicas, delimitar, trazar, diseñar, esforzarse al máximo con empeño, dedicación, trabajo, aún con gozo. Workoholics al oriente, stress-deaths al poniente.

Si alguna vez lo fueron, seguro las cosas ya no son así. Nacimos antes del fin del mundo*, y ahora que el mundo se ha acabado todo es diferente. He visto a más de un intento de Pinky conseguir más que yo con muchísimo menos esfuerzo. Y no me diera coraje si al menos tuvieran la mitad de corazón que tiene Pinky; pero están huecos por dentro, han aprendido a no ver más allá de la distancia que hay entre un sofá y un televisor. Son parte de un movimiento masivo y globalizado motivado por la inercia, ellos inertes. Pero el sistema les retribuye con creces esa fidelidad y sus hermosos balidos son en verdad redituables.

Hasta ese día antes de entrar al laboratorio disfrutaba recordado a Pynky & The brain con una sonrisa. Ahora no me queda más que una mueca postmodernista.



*En referencia a una expresión de Arturo Loría